Siempre, lo que pasaba en Oriente no se sabía en Occidente y esta historia, parece mentira que se desarrollara en el siglo XVII. pues sí. Un sultán, Medmed IV, quiso tener un grupo de chicos jóvenes, de 19 años en su palacio. Para ellos construyó un Ala Privada en su palacio de Topkapi. Estos jóvenes eran raptados y alejados de su familia o eran robados en alguna guerra. Muchos eran cristianos. Era muy común que los gobernadores pasarán por los pueblos griegos, o serbios visitando a las familias y les arrebataran niños comprendidos entre los 8 y los 18 años, que fueran guapos y fuertes. Y pasaban a este Palacio. Borrado su nombre y su nacionalidad, incluso su idioma.
Esta historia secreta dedicada sólo al placer del Sultán ha sido ignorada mucho tiempo. El estado otomano se extendía por tres continentes y no se veían como un país. En Estambul, ciudad dónde se encuentra el Palacio, se centra todo el Poder, y el Sultán ejerce un derecho divino sobre todos. Los deseos del Sultán eran los deseos del Imperio. Los Cristianos sólo conocían de Oriente, las historias del harén femenino.
Los chicos jóvenes que formaban este grupo, eran muy hermosos y estaban bien dotados físicamente, pero su trabajo no sólo era servir al Sultán sino que formaban como una escuela intelectual, de la que podrían salir, los visires u otros personajes importantes. Esta escuela formaba hombres leales, al Sultán, no a su familia, pues les había sido arrebatada. Era una universidad donde la servidumbre, y la posesión se fundían. Se les enseñaba a ser poetas y guerreros, músicos y matemáticos, asesinos y pacificadores, sus cuerpos se cultivaban físicamente, todo para servir y complacer a su Amo absoluto. Era un estadista potencial y un amante potencial. El harén masculino, se le conocía como el Enderun. El camino del poder no solo pasaba por batallas y despachos, sino también por el placer personal del Sultán en sus habitaciones privadas.
El Palacio del Sultán, no era un edificio, era una ciudad amurallada dentro de otra ciudad. Cuando llegaban los chicos le cambiaban el nombre a uno musulmán, convertido por la fuerza al Islam. Se les obligaba a aprender turco. Sus ropas se las quitaron y les pusieron ropas de servidor. Luego les admitían en el Enderun. Querían crear un hombre del Renacimiento otomano. Aprendían a leer y escribir en árabe, persa y otomano. Leían poetas. Estudiaron Matemáticas, Derecho y Teología. Aprendían música. De aquí salieron pintores, músicos. jardineros...todo para ser perfectos compañeros del Sultán.-
Después les enseñaban equitación, uso de la cimitarra y armas. Un muchacho nuevo, empezaba con lo más bajo del trabajo. Si pasaba a la siguiente cámara era por méritos. Se eliminaba cualquier debilidad. Las amistades eran peligrosas, una falta de respeto o una mirada negativa, podía ser objeto de castigos. Había unos eunucos vigilándoles constantemente. Ser elegido era el premio final. En la cultura otomana, el amor entre una persona mayor y un joven, no se veía como algo pecaminoso. El joven imberbe, se veía como un reflejo terrenal de la belleza divina. Muchos hombres incluso casados gozaban de este amor divino. El joven tenía que estar a punto de ser hombre, ser guapo y atractivo y tener un buen cuerpo. Debía ser imberbe pues lo consideraban una continuación de la belleza divina.
Cuando empezaba a aparecer la barba, era un problema.
Aparte de estos jóvenes, entre el pueblo llano, en los bares, estaban los jóvenes bailarines, que también eran atractivos y los educaban para bailar, normalmente llevaban el pelo largo y vestidos feminizados. Iban maquillados y el baile que hacían era sumamente erótico. Actuaban en festivales, bodas y en festines de la gente rica y poderosa. Un pachá (comerciante rico) los contrataría para una noche.
Cuando un joven ers elegido por el Sultán, le separaban de sus compañeros y pasaba a otra zona del Palacio, le daban unas ropas más finas y tenía sirvientes, pero se arriesgaba a los celos de otros elegidos. Comenzaba su día, llevándole al baño, donde le desnudaban y perfumaban. Luego pasaba al vestuario, donde le vestían según tuviera el humor el Sultán. Comía en platos de porcelana dorados. Siempre vigilado por los eunucos blancos. Un eunuco le llamaba y pasaba hasta la Cámara Privada del Sultán.
Con lo cual, aunque el ambiente era muy lujoso, era muy agobiante estar en presencia del Sultán.- Además, los Visires, los eunucos y las importantes del harén, le veían como una amenaza para ellos. Tenían que tener mucho cuidado, en palabras, o en miradas. A partir de aquí sus deberes eran vestir o desnudar al Sultán. Podría tener que leerle poesías hasta que se durmiera. Hasta le acompañaría al baño. Sabría mucha información sensible. Y un solo paso en falso, podía ser el destierro o la muerte. La relación física que tenían no era entre iguales, sino de un amo y su esclavo. Tenía que ser un amante, un confidente y un adulador. La Cámara privada del Sultán, no era nada más que un nido de envidias. Sus antiguos compañeros eran ahora sus enemigos, siempre pendientes del menor fallo, para que el Sultán se enterara y le echara. No podía confiar en nadie. Tenía que ser constantemente perfecto y obediente.
Los nobles buscaban su complicidad con el Sultán para tratar de llegar a través de él. Podía influir en nombramientos, o en castigos. Buscaban como enriquecerse porque al final llegaba la caída. Y el Sultán les hacía regalos importantes. Tierras, fincas...
El principio del fin, llegó con un ataque de ira del Sultán, que se veía envejecer y encontraron una carta que parecía escribir el paje. Empezaron a dudar de él, y cesaron los regalos. Le aislaron, y le evitaban. Estaba aterrado. Una noche, el eunuco blanco jefe entró en su aposento con dos verdugos, le desnudaron, y le estrangularon con un cordón de seda. Su cuerpo fue colocado en un saco con peso y echado al mar.
En cuanto un muchacho se convertía en hombre, el acceso al Sultán era negado. Los sacaban de la esfera íntima del Sultán y le ponían de gobernante en algún sitio. Otros recibían un puesto menor o una pensión en un pueblo perdido.
Los que tuvieron más suerte fueron enviados a algún pueblo hasta el fin de sus días.
Cuando, en el siglo XVIII o XIX la influencia europea entró en esta tierra, todo eso se silenció y la escuela Enderun, sólo se nombraba como una escuela militar de la época.
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